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	<title>David Moya</title>
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		<title>Próximo Concierto</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 18:29:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[David Moya en Murcia. Cafetería-Librería Itaca. Jueves 1 de marzo a las 22:00 horas. Precio: 6 €uros. Venta Anticipada: Itaca. Reserva de entradas hcj1@um.es Las entradas anticipadas se pueden comprar hasta una hora antes del concierto. La recogida de entradas reservadas se realizará media hora antes de la actuación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>David Moya en Murcia.</h3>
<p>Cafetería-Librería Itaca.</p>
<p>Jueves 1 de marzo a las 22:00 horas.</p>
<p>Precio: 6 €uros. Venta Anticipada: Itaca.</p>
<p>Reserva de entradas hcj1@um.es</p>
<p>Las entradas anticipadas se pueden comprar hasta una hora antes del concierto. La recogida de entradas reservadas se realizará media hora antes de la actuación.</p>
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		<title>(Me) Anuncio por palabras</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 18:43:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Events]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuesta dar cumplimiento a lo que uno se ha propuesto cuando la realidad te asalta al encender la radio. Resulta que mientras escribo esto, en Valencia los antidisturbios están dando palos y metiendo en furgones policiales a decenas de jóvenes que protestan en la calle. Y parece ser que la indignación estudiantil comienza hace unos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuesta dar cumplimiento a lo que uno se ha propuesto cuando la realidad te asalta al encender la radio. Resulta que mientras escribo esto, en Valencia los antidisturbios están dando palos y metiendo en furgones policiales a decenas de jóvenes que protestan en la calle. Y parece ser que la indignación estudiantil comienza hace unos días con la detención de un alumno del instituto Lluis Vives (por tanto, menor de edad) durante una concentración ante el propio centro por los recortes en educación aprobados por el Gobierno valenciano. Y el jefe de la policía hablando del &#8220;enemigo&#8221;. Y toda la mandanga&#8230; En fin, trataré de morderme la lengua un ratito, haciendo de tripas corazón, a ver si soy capaz de contarles lo que me rondaba la cabeza antes de saber del suceso&#8230;<br />
<strong>He decidido anunciarme por palabras</strong>. Así de simple.<span id="more-549"></span> Se lo vi hacer hace poco a un fontanero de un modo inusual: sentado en una silla de camping al lado de su coche en el arcén de la carretera que va de mi casa a la ciudad de Murcia, usando para tal fin un cartón donde se puede leer algo así como &#8220;Fontanero se ofrece para trabajar. Teléfono xxxxxxxxx&#8221;. Imagino que el susodicho se encuentra en tal tesitura debido a que no es uno de los agraciados con las mieles de la &#8220;justa y necesaria&#8221; reforma laboral que acaba de aprobar (o imponer) el flamante gobierno de España. Sea como fuere, por ser mi oficio el de escribir y por contar con un número mucho mayor de caracteres, mi anuncio será más extenso, que no por ello más eficaz. Ahí va.<br />
<strong>&#8220;Joven de 33 años ofrece sus servicios artísticos por un precio a convenir. Interesados: enviar e-mail a arfproduccionesdm@gmail.com. Amplia experiencia en conciertos acústicos y recitales poéticos&#8221;</strong>.<br />
Hasta aquí todo bien. El problema empieza cuando me dispongo a redactar el apartado que comienza diciendo: <strong>&#8220;Absténgase&#8230;&#8221;</strong>. Me da en la nariz que igual no me salen muchas ofertas.<br />
¿Que quieren que les diga? Me sale natural decir que se abstengan los piratas sin escrúpulos que regentan muchos garitos y que toman a los músicos por  un colectivo que presta un servicio similar a la máquina del tabaco; o a los concejales/as de turno a los que toca en una rifa el goloso y fotogénico oficio de gestionar centros culturales y auditorios públicos, siendo con frecuencia poseedores de un acervo cultural a la altura de una simio (eso sí, mucho mejor vestidos); incluso a los encargados de contenidos de una gran mayoría de programas culturales de radio y televisión, cuyo gusto se mueve entre lo chabacano (y, por desgracia, popular) y lo ultramoderno (y, por ende, infumable e incomprensible para la generalidad de los mortales).<br />
Entonces se me ocurre que tal vez deba dirigir mi anuncio directamente al público, que es quien manda a fin de cuentas. Y la situación no es mucho más halagüeña, para qué engañarnos. Si incluimos entre los supcetibles de abstenerse a l@s que no conciben un concierto sin tres o cuatro estribillos facilones que corear o palmear, a l@s que se empeñan en que toques &#8220;algo más movidito&#8221; (incluso, conocido) para que puedan engullir a gusto su cubata pasando de ti tres quilos, a l@s que afirman ser &#8220;fanes&#8221; de la canción de autor porque un día cayó entre sus manos un disco de Alex Ubago o Pablo Alborán y se emocionaron hondamente, a l@s que protestan cuando hay que pagar el valor equivalente a una copa de garrafón para ver un concierto de dos horas, a l@s que exigen chistes fáciles o penas envueltas en tópicos para partirse de risa o cortarse las venas (en sentido figurado), a l@s que van de &#8220;culturetas&#8221; y nunca escuchan lo suficiente como para saber si el juicio que de ti han hecho de antemano es justo o no (antes de arrugar la nariz con gesto de estar oliendo a mierda), o a l@s que ni tienen opinión ni soportan que des la tuya por la incomodidad que supone tal invitación a pensar y posicionarse&#8230; ¿Realmente quedará gente suficiente para llenar una sala?<br />
¡Pues me atrevo a afirmar que sí! Que de todo hay en la viña del Señor y no hace tanto que me he llevado alguna que otra gran alegría. Así que, para todos aquellos a los que ruego &#8220;no se abstengan&#8221; de contemplar mi oferta, ahí va un anuncio por palabras (con foto y todo) para convocarles al próximo concierto:<br />
<strong></strong></p>
<p><a href="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2012/02/MG_9171-baja-resolucion4.jpg" rel="lightbox[549]"><img class="wp-image-565 alignright" title="_MG_9171 baja resolucion" src="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2012/02/MG_9171-baja-resolucion4-682x1024.jpg" alt="" width="408" height="611" /></a></p>
<p><strong>DAVID MOYA</strong><br />
<strong>&#8220;Cantautor con una década de experiencia en los escenarios y cinco trabajos publicados (el último de ellos, un libro disco de edición limitada llamado &#8220;5 Manías de Hombre Solo&#8221;) te invita a pasar una velada agradable, el JUEVES 1 DE MARZO, en la cafetería-librería ITACA. Desde las 22</strong><strong>h, y </strong><strong>durante un interv</strong><strong>alo de dos horas, te ofrezco la sutil compañía de mi voz y mi guitarra para contarte y cantarte todo aquello que me emociona o contra lo que me rebelo; para hacerte sentir que mis alegrías y mis tristezas tienen la misma raíz que las tuyas, que hablamos el mismo idioma (el de las palabras y los aplausos); que hay días en que la vida me atraviesa y me sale en forma de humor, ficción o poema. Para demostrarte, en definitiva, que no hago esto por ti, pero que sin ti es imposible.&#8221;</strong></p>
<p>Foto: Pilar Morales</p>
<p>Diseño: Jorge Iglesias</p>
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		<title>ESPAÑOLES: FRANCO HA VUELTO</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 20:40:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>

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		<description><![CDATA[Los sucesos que me dispongo a relatar son tan parcialmente ficticios que pueden parecer enteramente reales. Trancurría la noche del jueves pasado con mis huesos dando buena cuenta de la comodidad del sofá en decúbito supino cuasiperfecto, o sea, panza arriba. Había sido una jornada larga, que no dura, y la dulzura del calor del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los sucesos que me dispongo a relatar son tan parcialmente ficticios que pueden parecer enteramente reales.</p>
<p>Trancurría la noche del jueves pasado con mis huesos dando buena cuenta de la comodidad del sofá en decúbito supino cuasiperfecto, o sea, panza arriba. Había sido una jornada larga, que no dura, y la dulzura del calor del hogar sumada a los efectos de la postrera ingestión alimenticia del día comenzaban a obrar una exquisita somnolencia sobre mi persona. Por ello es que no terminé de aprehender correctamente lo que el noticiero me contaba acerca de la inhabilitación de un juez muy conocido en nuestro país por investigar casos de corrupción y crímenes contra la humanidad, incluso en otros lugares del mundo. Su nombre era&#8230; No sé, algo que tenía que ver con uno de los reyes magos y un pájaro enorme.<span id="more-535"></span></p>
<p>En suma, que me estaba quedando frito y no me enteré de la misa la mitad. Sin embargo, recuerdo con nitidez la pesadilla en la que me vi inmerso desde el mismo instante en que Morfeo me acunó en sus brazos. En el sueño, mi cuerpo yacía en el mismo sofá, si bien la apariciencia de éste había sido modificada por mi subconsciente; ahora era de <em>escai, </em>hecho que me desconcertó inicialmente y al que sólo puede encontrarse algún sentido dejando aquí constancia del papel pintado que decoraba también de forma sorprendente las paredes de mi, hasta entonces, insulso salón. Pero vamos al grano. Me despertó la televisión. ¿No os ha pasado nunca aquello de quedarte sopa viendo una peli y despertarte con el sonido (ruido) de los anuncios? Pues algo así. Un vaivén en las frecuencias, la extraña alineación (vaya usted a saber) de qué astros&#8230; El caso es que me despertaba dentro del sueño (¡qué paradójico!) y al abrir los ojos la tele ofrecía unas imágenes en blanco y negro que no me eran desconocidas: Arias Salgado, presidente del gobierno en los años 70, cariacontecido (quién sabe si partiéndose el culo en su fuero interno), se disponía a comunicar al glorioso pueblo español la muerte del General Franco. Deduje entonces que me encontraba en el año 1975. Y digo &#8220;deduje&#8221; en vez de &#8220;comprendí&#8221; para no faltar a la verdad, pues el nimio detalle de que mi fecha de nacimiento date de 1978 nos sumerge en una paradoja espacio-temporal que ni el mismo Stephens Hopkins para sí quisiera. Sin embargo, las palabras de Salgado fueron las siguientes: &#8220;Españoles, Franco ha vuelto&#8221;. Me froté los ojos en un evidente intento por espabilar y dar crédito a lo que estaba sucediendo, cuando un estruendo aceleró el curso de los hechos. La puerta de mi casa había sido derridaba y dos agentes de la Brigada Político Social me sacaban a hostias del sofá sin permitírseme decir &#8220;esta boca es mía&#8221;. Abrumado por el sutil proceder que pareciome ser costumbre de la época y ejercido, sin duda, por el bien de la ciudadanía y personas honradas en general de tan insigne nación como la nuestra, me abstuve de protestar sin que por ello cesara la lluvia de mamporros que oníricamente estaba recibiendo. Así las cosas, me dejé arrastrar, ataviado como iba con un pijama de franela rico en bolas y descosidos, escaleras abajo por obra y gracia de la pareja de representantes de la ley, a quienes no tuve el gusto de presentarme debidamente si bien ellos parecían saber a ciencia cierta quien era yo a juzgar por la claridad con la que pronunciaban mi apellido entre un sin fin de exabruptos que tendré la delicadeza de omitir para no incomodar ni herir la sensibilidad del lector.</p>
<p>Una vez en la calle y con idéntica gentileza, fui introducido en un vehículo, para más detalle un Simca 1000 Special, amordazado, maniatado y magullado por la somanta de palos y el violento descenso desde mi vivienda a la vía pública, y conducido velozmente a un edificio que no tardé en reconocer como una comisaría. Me abstuve de corear el hit de Manolo Escobar que reproducía el <em>cassete </em>del coche por la evidente razón de que una mordaza me impedía toda capacidad de locución. Una vez allí y obviando aquello que yo suponía habitual, gracias a mi cinefilia, en lo tocante a hacerme conocedor de mis derechos, permitirme realizar una llamada, acogerme a la quinta enmienda o al menos quedar bajo la tutela de un abogado de oficio, se me introdujo, por decirlo suavemente, en un cuartucho gélido y desangelado, amueblado exiguamente por dos sillas y una mesa sobre la que lucía encendida una pequeña lámpara de las que comunmente, al menos en mis tiempos, denominamos <em>flexo. </em>Con su ya conocida amabilidad, los agentes de la ley y el orden me acomodaron en una de las sillas y gracias a mi perspicaz deductiva caí en la cuenta al instante de que me enfrentaba a un interrogatorio. Un tipo corpulento cuyos rasgos faciales no me atrevo a evocar para no faltar a la verdad, pues mis pupilas bastante tenían con tratar de absorber la lluvia de fotones que sobre ellas descargaba el flexo y dejaba al susodicho a contraluz (y por ende irreconocible), se sentó enfrente de mí, esto es, al otro lado de la mesa. Como digo, no podia ver su cara, pero sí percibir la gran riqueza de efluvios con los que tenía la exquisitez de obsequiarme, a saber: humo de Celtas Cortos (sin boquilla), aroma de Varon Dandy y esa fétida mezcla de alitosis, sobaco y culo que daba a entender que me hallaba ante un tipo duro, un hombre como Dios manda. Sin dar más explicaciones a mi presencia allí, cosa que hubiera agradecido pues soy de natural educado, dejó caer sobre la mesa con notable sonoridad una caja de madera. Puesto que el gesto de mi cara no hacía pensar que yo entendiera algo de lo que allí pasaba, uno de los policías ya conocidos, quienes permanecían de pie en la estancia ubicados tras mi persona, me propinó una colleja tal que mi cabeza salvó en décimas de segundo la distancia que la separaba del ortoedro en cuestión. Repuesto del pescozón, fijé la mirada en la caja y constaté que se trataba de un ejemplar de la edición limitada (500 copias) de mi último trabajo, el libro-disco titulado &#8220;5 Manias de Hombre Solo&#8221;, consistente en cinco cuadernos, un disco y una lámina fotográfica con el prólogo en el reverso, todo ello recogido en un artesanal continente de madera, elaborado en carpintería y serigrafiado por el haz y el envés con ilustraciones de un reconocido artista murciano.</p>
<p>Respondí afirmativamente al interrogante que relacionaba la autoría del contenido de la caja y mi persona, hecho gracias al que obtuve como recompensa el enésimo mamporro, pese a la veracidad de mi respuesta. Lejos de entender lo que pasaba y pese a mostrarme a todas luces solícito en lo tocante a colaborar con las autoridades, la situación fue cogiendo un cariz aterrador y comencé a temer por mi permanencia en el mundo de los vivos más allá de aquella noche. El hombretón, al que desde ahora paso a referirme como comisario sin haber tenido oportunidad de cotejar en modo alguno este dato, estrajo de la caja el disco y mostrándome el reverso de la carátula, señaló con su mugriento dedo índice el título de una de las canciones y me instó a leerlo en voz alta. Estupefacto, accedí a su petición y pronuncié dicho enunciado: la memoria. Tras unos segundos de angustioso silencio, los tres fulanos profirieron sonoras carcajadas, a las que siguieron toses y esputos que salpicaron a partes iguales la mesa y mi morena cabellera. Retomó el comisario el hilo de tan amena conversación con no sé qué monserga referente a que todos estos rojos son iguales, que si no se enteran de que hay cosas que no se tocan ni se tocarán nunca, que si no habíamos aprendido ya la lección con lo del juez ése de mierda al que habían inhabilitado, etc, etc. Sobreponiéndome al pavor que me embargaba, tuve un instante de lucidez y comprendí de súbito el motivo de mi presencia allí. Traté de persuadir a mis compresivos interlocutores acerca del error que cometían, pues sin duda habían confundido el título de una canción compuesta por mí que habla de una persona atormentada por su soledad y que sale por su ciudad a airearse la mentada &#8220;memoria&#8221;, con el espinoso tema de la memoria histórica, que no es otra cosa, para quien el tema le pille de nuevas, que el empeño por sacar a luz los episodios más oscuros de una dictadura que ha dejado miles de muertos anómimos por parte de los familiares de aquellas víctimas del régimen totalitario (y sanguinario) del Caudillo. Ni que decir tiene, a estas alturas del relato, que los correligionarios del régimen ante quienes me hallaba se pasaron todas y cada una de mis aclaraciones por el arco de Tito. Así que se reanudó la lluvia de puñetazos, patadas y golpes propinados por sendas porras de goma hasta que, en un nuevo ejemplo de clara paradoja por el hecho de hallarme dormido, perdí el sentido y me desmayé. Cuando lo recobré, me encontraba inmovilizado en una silla de madera, muy diferente a la de la sala de interrogatorios, y un collar de hierro rodeaba mi mi cuello. Evoqué mentalmente la imagen del actor Daniel Brühl y supuse que correría la misma suerte que el personaje interpretado hace unos años por él: Salvador Puig Antich, el último ajusticiado a garrote vil, ese sutil instrumento de tortura y muerte, cuyo empleo estuvo vigente en España hasta el año de mi nacimiento, 1978, cuando el texto constitucional aprobado estableció la abolición de la pena de muerte. Sentí la presión ejercida sobre el cuello fruto de esfuerzo del verdugo por girar el tornillo con todas sus fuerzas&#8230;</p>
<p>Y desperté, cómo no, sobresaltado en el sillón de mi casa, tratando de despojarme de la bufanda con la que la noche anterior, y a causa de la ola de frío siberiano que nos castiga desde hace unos días, me quedé tan plácidamente, por decir algo, dormido mientras veía las noticias por la tele. Me levanté a llenar un vaso de agua que calmara mi sed y de paso mi angustia. Eran las ocho de la mañana, y en la tele daban noticias de nuevo. Comprobé aliviado que todo había sido un sueño, un mal tránsito, y que mi querida España seguía siendo un país demócrata y moderno, a tenor de las buenas nuevas que la presentadora del parte matutino iba dando: la portavoz del gobierno afirmaba que la sentencia contra el juez que hurgaba en la corrupción había sido un &#8220;triunfo del estado de derecho&#8221;, la ministra de trabajo anunciaba una reforma laboral &#8220;de calado&#8221; que abarataría el despido y que no garantizaba la generación de puestos de empleo, el titular de justicia se reafirmaba en la apuesta de su ministerio por proteger la vida dando marcha atrás a todo lo avanzado en materia de aborto y plazos durante casi una década, los gabachos metiéndonos caña con lo del doping y nosotros contestando que somos los mejores y que arriba España y dos cojones&#8230; En fin, lo normal.</p>
<p>Así que desayuné, me di una ducha y recuperé la serenidad dando un paseo antes de sentarme en el escritorio para despachar mis tareas matutinas. Eso sí, no me pregunten porqué, pero de un modo mecánico, netamente maquinal, dediqué diez minutos a buscar una mejor ubicación a los aproximadamente 100 ejemplares que aún me quedan de mi libro disco, concretamente, bajo cuatro mantas y tres candados en el armario que ocupa el hueco de la escalera de mi casa. Ni tampoco me pregunten, porque no responderé ni en presencia de mi abogado (o sea, del que tengo aquí colgado), por el hecho de que al encender la radio y sintonizar Kiss Fm, un sudor frío me cubriera la espalda y se tensaran todos los músculos de mi cuerpo mientras escucha a Mikel Erentxun cantar ese &#8220;popular&#8221; estribillo que reza: &#8220;¿Y cien gaviotas dónde irán?&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>SILENCIO</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 19:31:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante la mañana de hoy, lunes 6 de febrero de 2012, he estado en la biblioteca Salvador García Aguilar, del municipio murciano de Molina de Segura. Ciertos problemas con la conexión a la red de mi casa han servido para justificar lo que siempre se convierte en una grata excursión. Una vez realizadas en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante la mañana de hoy, lunes 6 de febrero de 2012, he estado en la biblioteca Salvador García Aguilar, del municipio murciano de Molina de Segura. Ciertos problemas con la conexión a la red de mi casa han servido para justificar lo que siempre se convierte en una grata excursión. Una vez realizadas en la sala de estudio las cibernéticas gestiones que me urgían (ordenador portátil y red wi-fi mediante), he dedicado casi una hora a recorrer los pasillos entre los estantes, haciendo inventario de las joyitas que por allí pudiera ir encontrando, y que justificaran un regreso cercano al edificio. Finalmente he optado por llevarme dos libros cuya única nota común, por encontrar alguna, es que sus autores fueron nacidos en Barcelona durante la primera mitad del siglo XX: &#8220;La aventura del tocador de señoras&#8221;, de Eduardo Mendoza, y &#8220;Las personas del verbo&#8221;, de Jaime Gil de Biedma. La elección del primero viene motivada por lo enganchado que me tiene su genialidad narrativa, divertidísima en muchos casos y de ritmo trepindante, y su expresividad a la hora de recrear personajes tan profundos como frecuentemente disparatados (<em>La ciudad de los prodigios, El misterio de la cripta embrujada, El labertinto de las aceitunas</em>&#8230;). Lo del segundo tiene más que ver con mi manía por las emociones puras y el conflicto personal, sobre todo cuando ambos corren la suerte de escapar del artificio rebuscado e insulso al que muchos poetas someten con frecuencia el género.<span id="more-523"></span></p>
<p>El caso, que me voy por los archiconocidos <em>cerros de Úbeda</em>, es que al retirar los mentados libros, la señorita bibliotecaria me entrega el papelito a modo de justificante donde aparece quién se lleva qué y hasta cuándo, además del teléfono y el e-mail de la biblioteca. Pero lo que llama mi atención es el mensaje al pie de la nota, que reza tal que así: &#8220;Las bibliotecas no son un gasto. Son una una inversión.&#8221; Si quien lee estas letras es murcianico como yo, o está pendiente de mis publicaciones en redes sociales, recordará que hace menos de una semana compartí un enlace a una &#8220;carta al director&#8221; del diario La Verdad, donde un lector del citado medio opinaba sobre lo que había sido noticia días antes, que no es otra cosa que el cierre (¿temporal?) de 17 bibliotecas y/o centros municipales de esta región. Justificaba entonces el politicucho/a de turno que era algo provisional y debido a que expiraba el contrato con la empresa contratada para la gestión de dichos espacios. Si tal cosa es así, el palo sigue siendo justificado por chapuceros y faltos de previsión. Si es por el tema de los recortes, ración doble por querernos vender que se ahorra en lo que es el <em>chocolate del loro</em>. Sea como sea, he de reconocer que el descrédito en el que han caído para mí la mayoría de políticos de este país, del que no se escapan, por supuesto, el hatajo de garrulos que gestionan desde hace mucho nuestra comunidad, bandera del agua en mano, no me hace concederles ni el turno de réplica. Lejos de eso, me tomo esto como un <em>suma y sigue</em> en su cruzada por fabricar corderitos desmemoriados, autómatas del consumo, y seres infelices aunque conformistas, a fin de cuentas, en cuyo pensamiento no quepan más caracteres que en un mensaje de <em>twitter</em>. Pero yo soy un &#8220;conspiranoico&#8221;&#8230; Me encanta esa palabra que no existe.</p>
<p>Pues eso. Que se imaginarán lo chocante del mensajito, a tenor de los antecedentes. ¿Lo habrá puesto algún político cachondo que a estas horas se debe estar partiendo la caja en su sillón, imaginando nuestras caras de gilipollas, o será una reivindicación que ha colado de &#8220;estrangis<em>&#8220;</em> algún grupo secreto de terrorismo intelectual? ¿Habrán llamado ya al rey, en caso de ser cierta la última opción, para solicitar el estado de excepción ante tamaña amenaza? Si es que no puede ser; este país se va a la mierda. Y para colmo, en Madrid un montón de familiares de víctimas del régimen contando verdades como puños en el juicio contra Garzón. ¡Hasta dónde vamos a llegar! A este paso nos acabarán convenciendo de que ETA no estuvo detrás del 11-M y de que España está llena de cunetas con miles de cadáveres anómimos por obra y gracia del Caudillo. Bendito sea Dios.</p>
<p>Pero yo no quería hablar de esto, la verdad. Es que me caliento. Yo quería hablar del silencio, como en un anuncio de <em>Fujitsu</em>. ¿Recuerdan? Sí, aquello que es lo contrario del ruido. Eso que ha existido en algunas épocas de la historia y ahora es una <em>rara avis</em>. Ese concepto que se recuerda, y aquí quería yo venir a parar, al entrar en las bibliotecas. Ya sé que habrá más de uno pensando que con tanto teléfono que se nos olvida silenciar, el ir y venir de adolescentes inquietos y el ruido que escapa de sus habituales auriculares, el silencio dista mucho de ser total, pero casi. A mí me ha pegado en la cara ese silencio esta mañana, y mira que yo vivo en el campo (más o menos) y en mi casa pueden pasar muchas, pero muchas horas, donde aparte del autobús de línea que sí es bastante ruidoso, alguna moto, y aquellos sonidos que merecen ser considerados como tal (el viento, la lluvia, los pájaros&#8230;), la ausencia de ruido es casi total. Y no hablaría de ese silencio si no me hubiera resultado tan gratificante. Tengo la sensación de que he realizado las tareas en la mitad de tiempo del que suelo emplear en sacar adelante la cantidad de trabajo que tenía.</p>
<p>Como los recortes en cultura sigan a este ritmo y la vida moderna nos siga invitando a no detenernos a escuchar y escucharnos, me temo que pronto hablaremos en pasado de estos &#8220;templos del silencio&#8221;. Y lo grave es que lo necesitamos, aunque nos quieran convencer de lo contrario. Porque ya no somos capaces de estar en silencio ni cuando nos callamos; porque nuestras cabezas suelen ser un hervidero de preocupaciones y nuestra capacidad de concentración dista mucho de lo deseable para un correcto raciocinio. Porque con tanto <em>ruido interior</em> nos cuesta sentirnos y reconocer las sensaciones más puras que nos habitan de forma natural hasta que conseguimos matarlas. Porque lo que acabamos silenciando suele ser más valioso que lo que terminamos expresando en voz alta<em>.</em></p>
<p>Tengo sensaciones muy parecidas cuando voy al cine o a escuchar un concierto en un auditorio o teatro. También me parecen lugares sagrados en los que el silencio, lejos de ser un fin, es un requisito indispensable para dejar hacer a los sentidos, y de paso reactivarlos, que en el día a día los tenemos bastante capados a los pobres míos. Y véase con atención que no hablo de ver una peli en casa o de un ir a un concierto a un bar de copas, como tampoco hablo de coger un libro para dormir en la cama. Hablo de estar a solas en la oscuridad del cine, la penumbra de un auditorio o teatro (sea para escuchar un concierto o atender a una representación teatral) o la sala de lectura de lectura de una biblioteca. Me refiero a lo de estar haciendo una sola cosa en vez de varias al mismo tiempo, a lo de centrar la atención y a lo de estar solo. Porque silencio y soledad van de la mano, y a esto último le tenemos más miedo que a <em>vara verde.</em></p>
<p>Y porque en una sala llena de gente callada, para qué os voy a engañar, la media de sandeces que se escuchan por minuto baja hasta mínimos históricos. Me encanta.</p>
<p>pd: Debe ser por todo esto que llevo desde hace unas horas tarareando la canción &#8220;Agua de levante&#8221;, con letra de Javier Laguna e interpretada por Toni Zenet.<br />
<em>Silencio que nace en la boca,</em><br />
<em> que nunca se calla.</em><br />
<em> Silencio que invoca</em><br />
<em> hallar las palabras,</em><br />
<em> que siembra de dudas,</em><br />
<em> que no dice nada.</em><br />
<em> Silencio que viene la bruja.</em><br />
<em> Silencio en la sala&#8230;</em></p>
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		<title>PA&#8217; TOS LOS SIEMPRES</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 17:59:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me resisto a no creer en la inmortalidad, el mas allá o como cada cual quiera referirse a este concepto ancestral. Básicamente porque me cuesta hacerme a la idea de que tras cada generación se esfuman todos los elementos que la caracterizaron y la constituyeron como tal, lo que nos hace entrar en otra cuestión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me resisto a no creer en la inmortalidad, el mas allá o como cada cual quiera referirse a este concepto ancestral. Básicamente porque me cuesta hacerme a la idea de que tras cada generación se esfuman todos los elementos que la caracterizaron y la constituyeron como tal, lo que nos hace entrar en otra cuestión no menos difícil de resolver en nuestras pobres mentes de humanos mortales y, porqué no decirlo, seres parcos en imaginación, que no es otra que la de cómo demonios estará organizado aquello.<br />
Porque tiene que estarlo. Si no, vaya un pifostio. Imaginad al homínido que descubrió el fuego gozando de la vida eterna junto a Steve Jobbs. Por mucho que ambos hayan revolucionado el mundo en diferentes momentos de la historia, ¿cómo narices podrían entenderse? &#8220;Sr. Mono, tengo la aplicación que cambiará su vida para siempre y le hará acceder a cualquier cosa que necesite con sólo arrastrar un dedo por la pantalla de este i-Sapiens pensado especialmente para usuarios como usted&#8221;, a lo que el respetable bípedo contestaría probablemente intentando morder el sofisticado artilugio o, en su defecto, emprendiéndola a gruñidos y/o garrotazos con su insigne interlocutor. <em>No way</em>.<span id="more-518"></span><br />
Aunque tampoco habría que irse tan lejos para tener constancia de las incompatibilidades generacionales. No sé&#8230; Chaplin o Billy Wilder residiendo con Spielberg o Alex de la Iglesia; Marilyn o Audrey Hepburn con Scarlett Johansson o Natalie Portman&#8230; Por mucho que pertenezcan al mismo gremio, en materia de vida diaria topamos con la iglesia. No termino de ver a la Monroe indignada ante el escaso glamour que supone ver fotos suyas en bolas circulando por la red, ni a la srta. Johansson de amante de Obama y detrás de un micro para cantarle el <em>Happy birthday, Mr. President</em>, con toda la sugerente trasparencia de la que sin duda es capaz la rubia del momento.<br />
No sé, no sé. No me cuadra lo del escenario único, o <em>global</em>, que es un término más en boga. Yo, con la venia del altísimo, organizaba la movida más en plan cronológico, por décadas. El cielo debe ser infinito, ¿no? ¡Pues a tirar de torre para arriba! Eso sí, con ascensor, que a lo postrero se llega ya <em>muy cascao</em>. Si no, es que no veo más <em>chance</em>, y hasta me estremezco de pensar en el porvenir de mi difunta abuela confinada pa&#8217; tos los siempres entre muebles de IKEA, decoración minimalista y otros eufemismos propios de este presente sin personalidad ni criterio que habitamos. Aunque tampoco me imagino a Justin Bieber con visillos en las ventanas ni sábanas bordadas como ajuar y conservadas entre bolas de naftalina, para qué os voy a engañar. Ahora bien, ¡menudas pruebas de acceso para decidir dónde te toca! Me estoy viendo al sempiterno San Pedro en plan examinador, realizando el cuestionario: &#8220;¿señora, maneja usted internet a nivel de usuario?, ¿vio alguna vez en vida la tele en color?, ¿sabe quién es Belén Esteban&#8230;?&#8221; Menudo marrón, <em>Peter</em>.<br />
Sin embargo, lo del infierno lo tengo más claro. Porque los cabrones de pura cepa las gastan parecidas vivan cuando vivan, aunque a unos la memoria los trate con más respeto que a otros. Que invadir, matar o robar viene a ser lo mismo, te lo cuenten en Radio Pirenaica o en Twitter. A los Hitler, Franco, Bush, Mussolini, Sese Seko, Stalin, Pinochet&#8230; y toda la <em>basca</em> de esa calaña, les montaba un archipiélago con una isla para cada uno en los confines del averno, y lo organizaba en plan &#8220;liga infernal&#8221;, para que se reventaran a gusto temporada tras temporada. El campeón de este torneo diabólico obtendría el título de &#8220;demonio supremo&#8221;, y tendría que defender sus honores durante la siguiente campaña. Tal vez sea darle en el gusto a estos indeseables, pero ¿qué le vamos a hacer?. Que se jodan mutuamente hasta el fin de los tiempos.<br />
Tambien concibo con muy poco esfuerzo la eternidad para otros rufianes como los corruptos, gobernantes y mafiosos en general que constituyen en estos tiempos modernos la llamada &#8220;clase política&#8221;, burdo sinónimo de la expresión &#8220;manga de ladrones&#8221;.  A los Camps, Fabra, Conde, Roldán, Matas y un largo etcétera de tunantes los colocaba un servidor en un enorme horno industrial para cumplir su condena fabricando <em>per secula seculorum</em> los innumerables pasteles que en vida se repartieron a costa de la hambruna de sus súbditos. Para sus escasos ratos de ocio les construiría un estadio de fútbol cuyo césped sería sustituido por un descomunal tablero de Monopoly, con el fin de que recalificaran y construyeran simbólicamente a su merced. Es de suponer que la casilla de la cárcel debiera ser de dimensiones considerables, habida cuenta de la panda de chorizos que ahí se darían cita, pero considerando que en esta especie de infierno también tendrían cabida fiscales, jueces y demás leguleyos de honra cuestionable, podrían obtener la condicional con relativa facilidad o incluso no llegar a pisar el calabozo la mayoría de ellos, con lo que la cuestión de la aglomeración en el talego también queda resuelta. Eso sí, no me iba a privar de soltarles por allí a Don Vito Corleone o, si lo prefieren en plan verídico, a Al Capone, para ver a más de uno hacérselo encima, que hasta para ser rufián conviene ser más duro que el sepias.<br />
En fin&#8230; ¡Qué bello es imaginar! Y qué poquito cuesta, con lo chungo que está últimamente lo de arreglar el mundo, aunque sea a ritmo de cañas en la barra del bar de la esquina. ¡<em>Jefe</em>, ponme otra!</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>GRACIAS POR VENIR</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 19:24:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Son las ocho de la tarde de un frío viernes de enero, el último del mes de la tan mentada &#8220;cuesta&#8221;. Estás sentad@ en la butaca de un auditorio, dispuesto a pasar dos horas de tu preciado tiempo disfrutando de un concierto doble. Aparecen en escena un pianista y un percusionista, cuando las luces de la sala aún no se han apagado. Como tardan en hacerlo, me decido a salir al escenario. Me veis, y me llevo el primer aplauso. Las luces siguen encendidas, así que yo también puedo veros. Y sentiros. La sala está casi llena, y eso que le caben varios cientos de personas.</p>
<p>Hasta aquí no hay mucho misterio: anunciamos una actuación y habéis acudido a la cita. Sois testigos de cómo vamos interprentando el repertorio sin prisa, disfrutándolo. Y se os agradece el aplauso tras cada tema. Otro tópico, ¿no?<span id="more-507"></span></p>
<p>Pues no es así. No sabes bien lo que te estoy agradeciendo. Resulta que soy consciente de que entre todas las opciones de ocio que tenías te has decantado por ésta, renunciando incluso a la estufa, la manta, la peli y la cenita tranquila que tanto pudiera apetecerte tras una semana de curro que posiblemente te haya dejado extenuad@. Pero hay muchas cosas más que no sabes, mi querid@ espectador/a. No sabes que han pasado cuatro meses desde que comenzara a negociar la contratación del concierto y que un cuarto de hora antes de la actuación aún no sabíamos si seríamos 20, 50 o 100, y eso nos tenía nerviosos; tampoco sabes que esa mañana me levanté cansado, intentando cuadrar una cuenta imposible que me decía que habían sido demasiados kilómetros durante los últimos meses para encontrarme noche tras noche con salas poco concurridas; que un recibimiento frío en casa me habría dado la puntilla, colmado el vaso.</p>
<p>No sabes lo realmente importante que eres, querid@. Tú, con tu gesto plácido y tus oidos atentos a lo que venimos a ofrecerte. Tú, con tus manos inquietas tras cada final. Tú, receptor último de lo que nace en casa o en un local de ensayo tras tantas y tantas horas de trabajo. Tú, que recibes el producto acabado, listo para tomar. Tú, que te emocionarás con nuestras emociones y las harás tuyas, que afinarás con nosotros y harás los coros a los estribillos. Tú, que no eres parte del impulso creativo pero lo estimulas, que transformas la soledad del artista en instantes de belleza compartida. Tú, la línea de meta y el aliento para seguir en esta interminable carrera de fondo. Todo esto no es por ti, pero sí para ti.</p>
<p>Vosotros, que os quedáis hasta el final, que nos compráis los discos o hablaréis de nosotros a vuestras amig@s; que siempre tenéis una sonrisa y unas bonitas palabras para regalarnos al bajar del escenario, para recordarnos que somos importantes, que debemos seguir llenando el mundo de canciones y versos, construyéndole guaridas a las emociones y los recuerdos; que debemos seguir bregando, aunque todos los vientos arrecien en contra, y alcanzar cada uno de los puertos donde nos esperáis para sacaros de vuestra monotonía, ponerle banda sonora a vuestras historias vitales o llevaros de viaje por ese inexplorado mundo interior que comienza tras las mirada de cada uno.</p>
<p>Nosotros, quienes sin teneros en cuenta no podemos presicindir de vuestra presencia.</p>
<p>Y así, como ya dijo una de las reinas de la comedia en su día, emocionado y agradecido solamente puedo decir: GRACIAS POR VENIR.</p>
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		<title>CON &#8220;H&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 12:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Héctor Castilla, Ignacio Martín y David Moya (foto de Ismael Soria) Ítaca estaba de dulce; hacía mucho que no sentía hervir la sala como aquella noche en la que un micro iba a servir para amplificar los sentimientos de casi una decena de personas. Reconozco que me sentí un poco abuelo, por la media de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">
<dl id="attachment_501" class="wp-caption alignright" style="width: 310px;">
<dt class="wp-caption-dt"></dt>
<dd class="wp-caption-dd"><a href="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2012/01/FOTO-CON-IGNACIO-Y-HECTOR.jpg" rel="lightbox[500]"><img class=" wp-image-501 " title="FOTO CON IGNACIO Y HECTOR (foto de Ismael Soria)" src="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2012/01/FOTO-CON-IGNACIO-Y-HECTOR-300x200.jpg" alt="Héctor Castilla, Ignacio Martín y David Moya (foto de Ismael Soria)" width="300" height="200" /></a>Héctor Castilla, Ignacio Martín y David Moya (foto de Ismael Soria)</dd>
</dl>
</div>
<p>Ítaca estaba de dulce; hacía mucho que no sentía hervir la sala como aquella noche en la que un micro iba a servir para amplificar los sentimientos de casi una decena de personas. Reconozco que me sentí un poco abuelo, por la media de edad del público y de la mayoría de los poetas que, uno tras otro, se iban subiendo a ese escenario al que yo tantas veces lo he hecho.</p>
<p>Y es que ya hace más de una década desde la primera vez sobre aquellas tablas. Más de diez años en los que la mayoría de mis vivencias han acabado reflejadas en canciones, cuentos, poemas u otro tipo de escritos. Por eso yo figuraba al final del cartel, como el veterano de la velada, con las espaldas cubiertas por dos &#8220;de mi quinta&#8221;: Ignacio Martín y Hector Castilla.</p>
<p><span id="more-500"></span>Al primero, un tipo polifacético (poeta, arqueólogo y director de cine) me une la complicidad de los comienzos y la casualidad de los reencuentros; al segundo, una suerte de admiración hacia el curioso personaje que le habita y que, de tanto en tanto, se expresa en verso. Y no de cualquier manera. Héctor fue el encargado de regalarme una nueva presentación, y ya van tres (tras las que ya os mostré de Luis García Gil y Richard Imbernón).</p>
<p>Os dejo con &#8220;H&#8221;.</p>
<p>&#8220;Si hay algo que destacar del autor de estas ‘5 manías de hombre solo’ es su querencia por ser hombre, es decir, por querer afirmarse en lo que realmente nos hace seres humanos, la vena artística. Tengan en cuenta que si el ser humano no hubiera desarrollado su vena científica seguiríamos siendo seres humanos, más atrasados pero aun así, seres humanos; sin embargo, la cualidad que nos hace únicos es la de la posibilidad de crear arte y ahí se zambulle David Moya con estas cinco manías de hombre solo.<br />
·La primera de ellas, la de cantar y desnudarse –aún me pregunto si hay alguien que no disfrute cantando y/o desnudándose, la cuenta en voz baja porque se siente a veces culpable de disfrutar del privilegio de hacer lo que hace y dudando de si es relevante; a veces, incluso, se siente raro, afortunado pero extraño, agradecido –supone– aunque también egoísta…vamos, que es probable que de lo que esté hablando sea de miedo, pero solo hay un camino y es hacia delante. Y en ese camino hacia delante, David se desnuda hablando del otoño, de la soledad, del solar lleno de escombros que tenemos en nuestro Manhattan particular, de la manía de masturbamos compulsivamente el intelecto, de soñar despierto, de su creencia en que el dolor debiera ser pretérito y de un Seat Ronda, de Trotsky, de los macetones con guindillas, los Diminutos, Calimero, los sorbos de Frangélico, el Madrid, Induráin o Rafa Nadal.<br />
Y continúa, una vez recordado el principio.<br />
En cuanto a lo de cantar, no le hagan caso a lo que puedan leer por ahí, la música y la poesía –como sabemos algunos y lo explicaron hace un par de años Luis Eduardo Aute y Javier Krahe en el hemiciclo de la Universidad de Letras– no son lo mismo aunque puedan compartir algunas características como la rima y la obligación de evitar los lugares comunes; y de ahí sale David airoso muchas veces, como cuando escribe: ‘tengo la impresión / de haber parado el tiempo cargándome el reloj’, o ‘me esperan enfadados / problemas y pecados / los sueños y los planes cancelados’, o ‘Siguen tentándome (…) las luces de las fiestas de tu barrio’.<br />
·La segunda manía es la de hablar en verso y la demuestra en esdrújulas, fijando el tiempo, desaprendiendo el lenguaje vacío de los hombres, mostrando las caras y sus reversos, intentando dejar su huella en el viento, imaginando islas en un mapa, en un lunes al sol en Cádiz, o con la sorpresa que provoca mirar un hospital, la memoria de Mariajo o el paisaje de sus recuerdos.<br />
·Y se siguen sucediendo los cuadernillos, y David nos muestra su manía de contar historias, historias que transcurren en diez segundos, que tienen por banda sonora a Aarön Sáez o a Nirvana, historias en las que la belleza la genera el acto mismo de su disfrute y contemplación, historias de desertores o historias que comienzan con lo que alguien encuentra en el bolsillo de una prenda de vestir de otra persona.<br />
·David, además, no se calla –es otra de las manías que tiene– y nos cuenta hasta qué punto es esencial en su vida la banda que lo acompaña, la obsesión por el tiempo, los pequeños dictadores que está educando esta sociedad, pide que eduquemos terroristas, y ahonda en esa idea del amor por la cultura, de la voluntad de estar informado, del derecho a dudar, de mantener un discurso personal e irrepetible en vez del catecismo monótono que todos siguen a pie juntillas, o aborda las ciencias impuras.<br />
·Y para terminar, si hay algo que caracteriza a David, es la manía de no saber estarse quieto –pregúntenle a David de Gregorio o a Jorge Iglesias. David y Jorge no podrán olvidarse nunca de estar galopando por la T4 de Barajas, guitarras a la espalda; ni de Buenos Aires: Quilmes y empanadillas criollas, Avenida Colón, Calle Defensa, Parque Lezama, Plaza Dorrego, Avenida Almirante Brown, Puente Nicolás Avellaneda, Vuelta de Rocha, Calle Bolívar, Plaza de la República –¡y Leiva de los Pereza!–, Terminal Retiro, rumbo a Rosario y de allí a Chovet.    Y en Rosario, descubrir que ‘después de la cena / los cartoneros rumian restos / de la gula del progreso / que se sonroja más por el vino / que por la vergüenza’, y fotografiar a mujeres y a ‘la pasarela de moda / en que convierten / sus idas y venidas al baño’;  y el Paraná, y Parque España, y Juan Carlos Blagietto y su ‘Ángel y demonio’;        y volver a Buenos Aires y sentirse cóndor después de tanto tiempo sintiéndose águila; y todos esos días, vividos segundo a segundo, que se resumen o se ensanchan con varios nombres propios.<br />
Este es David Moya.&#8221;</p>
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		<title>Al final, me acabaré sonrojando&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 16:15:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dice de sí mismo que tiene 36 años; que en su trabajo de maestro intenta enseñar y sólo consigue darse cuenta de lo poco que sabe&#8230; Pero que entre esas poquitas cosas que sabe, está el saber diferenciar las felicitaciones de los agradecimientos. Y me dice: &#8220;gracias David&#8230; por ser como eres&#8230; por hacer lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dice de sí mismo que tiene 36 años; que en su trabajo de maestro intenta enseñar y sólo consigue darse cuenta de lo poco que sabe&#8230; Pero que entre esas poquitas cosas que sabe, está el saber diferenciar las felicitaciones de los agradecimientos. Y me dice: &#8220;gracias David&#8230; por ser como eres&#8230; por hacer lo que haces&#8230;&#8221;</p>
<div id="attachment_497" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2011/12/foto-con-cuadernos1.jpg" rel="lightbox[489]"><img class="size-medium wp-image-497" title="foto con cuadernos" src="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2011/12/foto-con-cuadernos1-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a><p class="wp-caption-text">Foto cedida por R.A. Hortal</p></div>
<p>Se llama Richard Imbernón y el jueves pasado quería presentarme en La Fada Ignorant (Andorra), antes del evento en el que mostraría mis &#8220;5 Manías de Hombre Solo&#8221;. Un contratiempo tan personal como profesional se lo impidió, pero sus palabras no cayeron en saco roto, sino que fueron leídas por María, otra persona bien querida por mí.</p>
<p>Lean y juzguen ustedes mismos quien debe agradecer a quien&#8230;<span id="more-489"></span></p>
<p>&#8220;Debe existir un lugar de silencio absoluto. Un territorio ajeno al ruido que invade. Debe existir un sitio donde David se protege del rumor constante de todos aquellos que saben qué debe hacerse. De aquellos que saben qué debe pensarse.</p>
<p>Y en ese universo tan real como imaginaria es la existencia, el arte ocupa el lugar que deja la certeza de saber lo que nos han enseñado. Y dispuesto a desnudarse, nos regala una primera manía en la que viven cogidos de la mano el amor y la soledad. La nostalgia de los seres que siguieron su camino lejos del nuestro, y el deseo de vivir a base de proyectos y no de recuerdos.</p>
<p>Una búsqueda compartida con el cómplice lector en la que, según el propio autor, procura: “Buscar de nuevo la verdad, poner a cero el contador, reconociendo el valor de lo vivido tanto como su obsoleta condición.”</p>
<p>Una búsqueda de sí mismo, un reencuentro con la soledad, o más precisamente con “su” soledad&#8230;</p>
<p>Principal artífice de un nuevo camino lleno de errores y decepciones, pero necesario para vivir su propia vida sin prisas. Redescubriendo la capacidad de asombro desaparecida con la inocencia, redefiniendo los caminos por los cuales transitar con muletas, al lado de todos aquellos que corren.</p>
<p>Y David se atreve. Osa deambular su cuerpo físico entre los distintos tipos de creación. Y aderezando sus letras con sus acordes, avistamos al escritor que canta. Al cantante que escribe. Al músico que se arma de la valentía necesaria de abordar la poesía con “Las caras y sus reversos”.</p>
<p>Quizá el terreno más resbaladizo de la literatura. Aquel donde versos, métrica y rima, frenan el derrame de emociones.</p>
<p>Convirtiéndolas en riachuelos.</p>
<p>Arroyos cuyos lechos recorren los bordes del amor. El amor comprendido con el alma y no con la razón.</p>
<p>Torrentes de recuerdos. Recuerdos y añoranzas. Recuerdos, añoranzas y preguntas…</p>
<p>Dice la Real Academia de la Lengua que una manía es una especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor.</p>
<p>Y debe ser cierto. Porque hay que estar un poco loco para buscar la cordura.</p>
<p>Porque el delirio ha llevado a David de un extremo a otro. Por su necesidad casi enfermiza de crear, de compartir. De inventar ahora cuentos para aderezar su tercera manía en que necesita de todo nuestro apoyo. Finales abiertos o alternativos de temáticas variopintas. De nuevo el amor como leitmotiv de una necesidad vital de subsistir en “La capilla de los naufragios”. La condición humana y sus “Desertores”. La intriga escondida en los “Bolsillos”. La esperanza, la decepción y la belleza vestida en “La flor”. Cuentos cuyos personajes somos nosotros. Con dudas, miedos e ilusiones. Adolescentes inadaptados y sin ganas de seguir rebaños que no entienden, jóvenes empeñadas en no dejarse arroyar por el fugaz paso del tiempo. Al límite entre la esperanza y el desencanto. Personajes cercanos de historias que nos llevan de paseo por los parajes de la introspección, la sorpresa, la imaginación y la muerte.</p>
<p>Y paso a paso cruzamos ya hace rato el ecuador de la obra. “Desconcertantes objetos de estudio” nos abre ahora las puertas del pensamiento y la opinión de David Moya en su cuarta manía : “No callarme”. En ella encontramos un tributo a toda esa gente que nos acompaña en el delicado camino de los sueños y que nos enseña y anima a vivir a veces sin ni siquiera darse cuenta. Cavilaciones sobre la educación, despojos de su antiguo traje de maestro, donde poniendo en duda un sistema corroído hace ya mucho tiempo, nos ofrece un manual de instrucciones bajo el título “Eduquemos terroristas”. Sumario donde se plantan semillas aparentemente amargas pero dispuestas si se las deja a ofrecernos dulces frutos. Ejercicio cognitivo para futuras generaciones más felices y sinceras. Pautas de comportamiento afín de sonreír, decidir y avanzar sin miedo al fracaso y sintiéndose bien con uno mismo.</p>
<p>Y acabamos el viaje&#8230; de viaje. El reencuentro con los que partieron en busca de lo que no tenían. La inmigración vestida de turismo con 6 cuerdas. “Crónica de un mes de gira por Argentina” que con el título “Mate y dulce de leche” nos ayuda ya desde el inicio a atisbar lo dulce del recorrido.</p>
<p>Gente, fútbol y momentos mezclados más allá del océano. Consiguiendo hacernos viajar a través de las pupilas y las palabras. Metáfora más que certera para recordar que la vida son momentos, y que la suma de ellos nos hacen felices o desdichados. Guía de viaje que no pretende serlo. Resumen de sensaciones, lugares y personas que trocito a trozo van creando el cosmos que habitamos. Homenaje a quién buscó allí lo que no había aquí. Puerta abierta al sueño del regreso, a la ilusión del viajero que aborda la ida sin pensar en la vuelta.</p>
<p>Y así, enfrascados en cada una de estas 5 manías de hombre solo, me atrevo a callarme y oíros a vosotros a partir de ahora. A soltar amarras y dejarme llevar por el deseo de haberos convencido para iniciar con David el recorrido por sus adentros. Periplo repleto de sorpresas que no os dejará indiferentes. Travesía atrevida y sin maletas Decidida a llevaros a rincones que quizá hasta hoy, hayáis mantenido ocultos.&#8221;</p>
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		<title>CON TODOS USTEDES, LUIS GARCÍA GIL.</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 17:32:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Les quiero presentar a alguien. Pero me voy a saltar todo su currículo, pues está perfectamente detallado en su web http://www.luisgarciagil.com/ , aunque no lo haré sin animarles, queridos lectores, a pinchar el enlace y asomarse a su obra literaria. Además, estrena libro en breve, y es de recibo aprovechar este espacio para hacerse eco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Les quiero presentar a alguien. Pero me voy a saltar todo su currículo, pues está perfectamente detallado en su web <a title="http://www.luisgarciagil.com/" href="http://www.luisgarciagil.com/">http://www.luisgarciagil.com/</a> , aunque no lo haré sin animarles, queridos lectores, a pinchar el enlace y asomarse a su obra literaria. Además, estrena libro en breve, y es de recibo aprovechar este espacio para hacerse eco del mismo <a title="http://www.luisgarciagil.com/index.php/javier-ruibal-mas-al-sur-de-la-quimera" href="http://www.luisgarciagil.com/index.php/javier-ruibal-mas-al-sur-de-la-quimera">http://www.luisgarciagil.com/index.php/javier-ruibal-mas-al-sur-de-la-quimera</a></p>
<p>De quien les voy a hablar es de un tipo confiado y cómplice, que atiende una buena tarde de otoño la llamada de Javier Ruibal, quien le hace el siguiente encargo: hacer de anfitrión de un tal David Moya, cantautor entre otras cosas, que va a hacer una presentación literaria de su último trabajo, un libro-disco en un formato raro y pesado, con un título extenso que reza &#8220;Cinco Manías de Hombre Solo&#8221;. El evento será en la ciudad en la que reside el citado caballero, en una librería que conoce bien y donde le conocen también bien. Y es que el caballero es escritor.<span id="more-470"></span></p>
<p>Y así, con esa dosis de humildad que caracteriza a las grandes personas, el escritor acepta la propuesta y atiende la llamada del músico aspirante a literato, quien desea concertar fecha y hora para conocerse. Dicho encuentro tiene lugar en una emisora de radio donde David es entrevistado por la encantadora Carmen Paúl, mujer del escritor y fantástica periodista en cuyo programa se divulgan contenidos culturales. Tras la entrevista, David secuestra durante una hora al que será su anfitrión en el evento que les ocupa. Podrían haber sido varias las horas, pero la reciente paternidad de quien os hablo motivó una pronta retirada para cumplir gozoso con las obligaciones de la misma.<a href="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2011/12/foto_colIzq_muestra.jpg" rel="lightbox[470]"><img class="alignright size-full wp-image-473" title="foto_colIzq_muestra" src="http://www.davidmoya.net/wp-content/uploads/2011/12/foto_colIzq_muestra.jpg" alt="Luis García Gil" width="150" height="200" /></a></p>
<p>Sin embargo, fue suficiente este intervalo de tiempo para corroborar que nos entendíamos, que compartíamos ideas acerca de la creación y sus menesteres; suficiente para asomarme tras sus gafas y reconocer al intelectual que tenía enfrente y a la persona que, como yo, se sabe en constante búsqueda. Cuarenta y ocho horas más tarde compartíamos una mesa y un pequeño auditorio, y él me presentaba con el texto que les muestro a continuación. Muchas gracias, Luis.</p>
<p>Con todos ustedes, Luis García Gil.<br />
&#8220;Corren gotas de sangre murciana y jacobina por las venas de David Moya, paisano de aquella Mari Trini que nos llenó el equipaje de valses de otoño y amores que se van marchando. Comprendes de inmediato al sumergirte en su universo maniático la verdad que se dibuja en sus labios, que aflora en su guitarra que como toda guitarra abandera un camino en cada una de sus cuerdas. Cinco manías de hombre solo, cinco sueños, cinco maneras de dejar la voz, de apresar el eco del tiempo en las palabras. La primera manía cantar y desnudarse, mirarse en el espejo y retratarse. El artista trenza su autorretrato, se pregunta por el sentido de su arte, duda pero al final sabe que toda canción, que todo texto nos redime de algún modo y halla el milagro de alguien que lo recibe como si fuera suyo, más allá de la adolescente que empapela su cuarto con fotos de su artista favorito está la que encuentra en un verso o en una frase un modo de definir su mundo.</p>
<p>David Moya sabe que somos amantes bipolares, que la memoria se pasea por la ciudad y para en algún lugar a pelearse con las olas. Y habla del rojo del ocaso y de Madrid como gran urbe a la que van a dar todos los sueños y todas las nostalgias y por cuyas calles se perdía aquella muchacha típica a la que cantara Serrat. Pero David no es un muchacho típico y por eso sus cinco manías de hombre solo merecen la mejor de las suertes. Quien arriesga gana. El símil futbolístico debiera valer para el fútbol, para la vida y para las canciones, más allá de mercaderes para los que tiene más valor Bustamante con sus camisetas que Jacques Brel con su terno negro de desesperación.</p>
<p>La segunda manía de David Moya es hablar en verso, pintar la vida, latir con el poema quijotesco, convocar a las musas cotidianas. “Un lunes al sol”, por ejemplo, nos lleva hasta Cádiz, donde el cantor ha hallado una segunda casa donde se peina con gesto de amante para bucear al atardecer en los misterios de la Caleta que desentrañara Paco Alba. La tercera manía es contar historias como los viejos y eternos payadores que cruzaban la pampa. Cantar es relatar y relatarse, encontrar y encontrarse. El cantor desemboca en el relato y reivindica a la gente que resiste, que se arma de valor, que ama, sueña y tiene principios desdiciendo aquella frase genial de Groucho Marx: “Si no le gusta mis principios, tengo otros…”. La cuarta manía es no callarse y comprometerse con la realidad que nos envuelve, la tozuda realidad diaria. En algunas de sus páginas asoma el humor, la ironía, con ese viaje amoroso al origen del mundo, según pintara Courbet, que es “Ciencias impuras” o esa contemplación del universo que habitamos que no está nada alejada de la que Discépolo expresó en “Cambalache”.</p>
<p>Y como no hay quinto malo, como bien sabe Piqué y sufrimos los madridistas la temporada pasada, David Moya que es culé nos envuelve en una quinta manía que es no estarse quieto y ser viajero de la vida y del sueño. Y de su mano paseamos por Argentina donde nos espera el doble de Maradona con la bota pegada a un balón y un boliche mal iluminado donde uno aguarda la aparición del rey de la milonga, ese personaje que dibujara con maestría en uno de sus cuentos el negro Fontanarrosa. Son las manías de un artista íntegro que nos ha regalado este trabajo encomiable y magníficamente presentado. Con ustedes David Moya.&#8221;</p>
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		<title>PRÓXIMOS EVENTOS</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Nov 2011 12:22:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>David Moya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hola a tod@s: Se vienen unas semanas bonitas, con tres eventos muy diferentes en los que trataré de mostrar esas diversas facetas de &#8220;5 Manías de Hombre Solo&#8221; de las que ya hemos hablado anteriormente. En primer lugar, EL VIERNES 25 DE NOVIEMBRE (20h, entrada libre) tenemos la PRESENTACIÓN DEL LIBRO-DISCO en la librería LAS [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a tod@s:<br />
Se vienen unas semanas bonitas, con tres eventos muy diferentes en los que trataré de mostrar esas diversas facetas de &#8220;5 Manías de Hombre Solo&#8221; de las que ya hemos hablado anteriormente.<span id="more-462"></span></p>
<p>En primer lugar, <strong>EL VIERNES 25 DE NOVIEMBRE</strong> (20h, entrada libre) tenemos la <strong>PRESENTACIÓN DEL LIBRO-DISCO </strong>en la librería <strong>LAS LIBRERAS</strong>, de Cádiz. La palabra será la protagonista de este acto, ya sea usada para narrar, recitar o cantar. Un evento cercano, en el marco de una librería, con la voz y la guitarra a pelo, presentado, y esto es un gran honor, por el escritor Luis García Gil. Toda la información sobre el mismo la podéis obtener en http://www.luisgarciagil.com/. Deciros brevemente que se trata de un escritor y poeta en cuya obra se mezclan poesía y ensayo como revelan sus alabados acercamientos a la obra de JOAN MANUEL SERRAT, JACQUES BREL o FRANÇOIS TRUFFAUT.</p>
<p>Al día siguiente, <strong>SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE</strong>, tenemos un <strong>CONCIERTO-RECITAL</strong> en la sede de la <strong>Asociación Cultural &#8220;PILAR LA MÓNICA&#8221;</strong>, en Chiclana de La Frontera (http://pilarlamonica.wordpress.com/about/). Gente inquieta, con una arraigada tradición musical (especialmente, flamenca), que brinda su espacio a propuestas diversas, y que inspira su nombre en la persona de Pilar &#8220;La Mónica&#8221; haciéndose eco así de su gran persona, &#8220;por la calidad y calidez de su Ser, por sus valores y principios&#8221;. Será a las 22:30h, y la entrada cuesta 5 euros.</p>
<p>Y el último hecho noticiable es el regreso a los escenarios murcianos de <strong>LOS AGENTES DE LA DINÁMICA</strong>; será el <strong>SÁBADO 3 DE DICIEMBRE EN EL AUDITORIO DE BENIAJAN</strong>. El concierto será a las 21h. <strong>El precio de la entrada es de 5 euros, y se puede reservar el jueves y viernes anterior al concierto de 10.30 a 13.30h </strong>al teléfono 968 841023 . Pero para qué contaros nada de los Agentes, si los podéis ver con vuestros ojos:<br />
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<p>Sean felices, y vengan a vernos.<br />
David</p>
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