PREFIERO BAILAR SOLO

Posted by on 11 abr, 2012 in Blog | 2 comments

PREFIERO BAILAR SOLO

Los de la barra son un chico de gran ciudad y una muchacha del extrarradio. Creen saberlo todo con apenas veinte años, sin embargo él nunca la sacó del barrio. Están donde cada viernes, sintiendo que apenas queda nada por hacer, pero también que juntos son capaces de asumir cualquier derrota. Se siguen jurando amor pedáneo.

En la primera mesa delante del escenario están la redactora jefe del Segunda Mano y un reputado especialista en provocar desastres. Se han conocido esta mañana, cuando él ha acudido a la oficina de ella para poner en venta su corazón usado. Pero es viernes, y los viernes hay que salir, a brindar hasta por los reproches que se quedan grabados en un buzón de voz. Esperarán a que arranque el concierto y se suba el alcohol para dedicarse una tierna caricia y olvidar todo lo importante. Es probable que esta noche sumen, tan acostumbrados como están a dividir…

La mesa contigua la ocupa un joven sin compañía. Hoy despertó con ganas de saltar por la ventana, con tan mala suerte que se había puesto a llover. Ha tenido un día tonto, de esos que suelen terminar buceando en internet y desnudándote ante nadie. Pero por casualidad dio con un vídeo del artista que hoy toca aquí, y le cayó en gracia. Se descuelga por la cuerda de tender para darle una oportunidad a la noche del viernes.

Quienes no paran de hablar son un grupo de enfermeras que han terminado su turno. Algunas van todavía de blanco. Saben que los bares son un buen refugio para esconderse de camino a casa y que, cuando se han besado demasiados sapos, cualquier fulano es buena compañía. La más joven recuerda, sin apartar su mirada del escenario, la obsoleta advertencia de su padre: “mucho cuidado con los cantantes guapos…”

“No sé qué le ves a los cantantes, aunque tal vez sea lo mismo que yo veo en las camareras; debe ser que, como en las películas de antes, siempre hay una historia tras de ellas”, medita el novio de la muchacha que tanto ha insistido en venir al concierto. Justifica con impaciencia el hecho de tener que levantarse para pedir en la barra y asomarse así de paso a los escotes abisales de las trabajadoras del local. Mientras, ella recoloca el suyo, para que cuando aparezca el artista pueda dar buena cuenta del mismo desde el mirador de su tarima.

¿Hemos dicho que era viernes, no? Claro, viernes. El día en que los fantasmas vuelven a poblar las casas, convirtiéndolas en castillos encantados ante la perspectiva de un fin de semana en soledad; el día que se meten en tu cama, aferrándose a la almohada; que revuelven tu nevera y se sientan a tu lado a ver la televisión o te cogen de la mano y te hablan de cosas de amor.

Martina trabaja en un supermercado y es el calor que derrite los ultracongelados; Ana se muere en la peluquería desconsalada porque llegue el día de encontrar el amor el facebook… Y María vive sola en la distancia, hace tres años que se fue de casa. Lo vio todo en la televisión y decicidió regresar y reencontrarse con los suyos. Juntas brindan esta noche, agradecidas de estar vivas tras el día que la tierra tembló y dejó apuntalado el pueblo. Tienen la vida en obras y suspiran por abrazarse a alguien para siempre, por si otra vez todo se derrumba a su alrededor y no volviera a hablarse del tiempo en los ascensores.

En la penumbra, tras la columna, está una pareja que lo acaba de dejar. Él trata de consolarla afirmando que volverá a ser feliz cuando le arranque la piel con sus amigas; que volverá a sonreir en la oficina cuando tache sus e-mails con tinta china. Al mismo tiempo, él hace lo propio consigo mismo, tratando de autoconvencerse de que es lo mejor, pensando que antes de ella hubo otras. Pero tiene miedo. Sabe por experiencia que el amor no le suele durar más de seis sms. Trata de parecer sereno mientras se pregunta quién será el nuevo protagonista de sus escenas de cama.

Aparece por fin la banda sobre el escenario, con rugir estridente de guitarras y metales. El cantante sube tras los músicos, vestido de negro, puro rock’n roll, el más chulo de un barrio donde no hay mujer que no le nombre ni madre que no sueñe con enseñarle modales; un alquimista doctorado en los portales. Pero tranquila, no hay razón para que corras pues todos sus defectos son humanos. Aunque tú no te lo creas, duerme solo por las noches y confunde las estrellas con las luces de los coches. Su nombre de guerra es Proyecto Jass, Juanito para unos pocos; un tipo que va por ahí sin echar la vista atrás pues sabe que sólo ahora es capaz de dar justo valor a las hechuras de tu ombligo. Se quitará el pijama en las siestas si tú te olvidas del despertador, si te dejas engañar por su encanto personal y su fuerte atractivo.

Y transcurren dos horas en un abrir y cerrar de ojos. Tras el redoble final y el aplauso, los pedáneos enamorados discuten porque ella no encuentra el bonobús para volver a casa y él no tiene saldo para llamar a un taxi; la redactora y el del corazón usado se fueron al quinto tema y a estas horas deben estar dando de qué hablar a los vecinos. El joven solitario ha decidido ponerse en manos de la enfermera que escuchó los consejos de su padre.; hoy se desnudará para alguien. El novio celoso de los cantantes guarda con disimulo el teléfono de una de las camareras anotado en una servilleta, mientras la chica envía al cantante una solicitud de amistad en facebook desde su i-phone4. Las amigas del pueblo van por el quinto chupito y ya son presa fácil para los moradores del siguiente garito. La pareja fracturada se despide con un beso glacial en la mejilla, tras años de dormir abrazados. Y los músicos también se marchan, una vez cargados los coches y tomado la última en el camerino. Se abrazan, se felicitan y revisan sus teléfonos antes de partir, por si a la noche todavía le quedara algún cartucho.

El cantante permanecerá un rato sobre el escenario, con las luces dadas y las camareras fregando el piso. Recogerá metódicamente los cables como le he visto hacer tantas veces y preguntará qué se debe tras recaudar la taquilla, consciente de antemano de la respuesta cortés que le dará el gerente de la sala. Esta noche apenas bebió. Tal vez por eso prefiere bailar solo, en lugar de hacerlo con mujeres que entiendan de aviones.

Total… Al final todas sufren mal de altura.

2 Comments

  1. Qué chulo, David!!! Cómo has enlazado unas historias con otras! Y todos ahí, junto a nosotros disfrutando ese pedazo de concierto. Seguid así, ambos dos…

  2. y…esas, las que sufren mal de altura… y entienden de aviones, siguen soñando con pilotos que les hagan olvidar el manual y las hagan volar en un amago de recordarles que un día tuvieron alas…

    JAJAJA, la vida entera como una gran metáfora, una eterna canción…
    Enhorabuena David por hacer disfrutar con tu música y tu carisma a tantas almas.

    Y…sigue el veranito!

    A ver si puedo oir rugir tus cuerdas a menos de tres metros, al menos en algún escenario.

    SUERTE, ARTISTA!

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