Les quiero presentar a alguien. Pero me voy a saltar todo su currículo, pues está perfectamente detallado en su web http://www.luisgarciagil.com/ , aunque no lo haré sin animarles, queridos lectores, a pinchar el enlace y asomarse a su obra literaria. Además, estrena libro en breve, y es de recibo aprovechar este espacio para hacerse eco del mismo http://www.luisgarciagil.com/index.php/javier-ruibal-mas-al-sur-de-la-quimera
De quien les voy a hablar es de un tipo confiado y cómplice, que atiende una buena tarde de otoño la llamada de Javier Ruibal, quien le hace el siguiente encargo: hacer de anfitrión de un tal David Moya, cantautor entre otras cosas, que va a hacer una presentación literaria de su último trabajo, un libro-disco en un formato raro y pesado, con un título extenso que reza “Cinco Manías de Hombre Solo”. El evento será en la ciudad en la que reside el citado caballero, en una librería que conoce bien y donde le conocen también bien. Y es que el caballero es escritor.
Y así, con esa dosis de humildad que caracteriza a las grandes personas, el escritor acepta la propuesta y atiende la llamada del músico aspirante a literato, quien desea concertar fecha y hora para conocerse. Dicho encuentro tiene lugar en una emisora de radio donde David es entrevistado por la encantadora Carmen Paúl, mujer del escritor y fantástica periodista en cuyo programa se divulgan contenidos culturales. Tras la entrevista, David secuestra durante una hora al que será su anfitrión en el evento que les ocupa. Podrían haber sido varias las horas, pero la reciente paternidad de quien os hablo motivó una pronta retirada para cumplir gozoso con las obligaciones de la misma.
Sin embargo, fue suficiente este intervalo de tiempo para corroborar que nos entendíamos, que compartíamos ideas acerca de la creación y sus menesteres; suficiente para asomarme tras sus gafas y reconocer al intelectual que tenía enfrente y a la persona que, como yo, se sabe en constante búsqueda. Cuarenta y ocho horas más tarde compartíamos una mesa y un pequeño auditorio, y él me presentaba con el texto que les muestro a continuación. Muchas gracias, Luis.
Con todos ustedes, Luis García Gil.
“Corren gotas de sangre murciana y jacobina por las venas de David Moya, paisano de aquella Mari Trini que nos llenó el equipaje de valses de otoño y amores que se van marchando. Comprendes de inmediato al sumergirte en su universo maniático la verdad que se dibuja en sus labios, que aflora en su guitarra que como toda guitarra abandera un camino en cada una de sus cuerdas. Cinco manías de hombre solo, cinco sueños, cinco maneras de dejar la voz, de apresar el eco del tiempo en las palabras. La primera manía cantar y desnudarse, mirarse en el espejo y retratarse. El artista trenza su autorretrato, se pregunta por el sentido de su arte, duda pero al final sabe que toda canción, que todo texto nos redime de algún modo y halla el milagro de alguien que lo recibe como si fuera suyo, más allá de la adolescente que empapela su cuarto con fotos de su artista favorito está la que encuentra en un verso o en una frase un modo de definir su mundo.
David Moya sabe que somos amantes bipolares, que la memoria se pasea por la ciudad y para en algún lugar a pelearse con las olas. Y habla del rojo del ocaso y de Madrid como gran urbe a la que van a dar todos los sueños y todas las nostalgias y por cuyas calles se perdía aquella muchacha típica a la que cantara Serrat. Pero David no es un muchacho típico y por eso sus cinco manías de hombre solo merecen la mejor de las suertes. Quien arriesga gana. El símil futbolístico debiera valer para el fútbol, para la vida y para las canciones, más allá de mercaderes para los que tiene más valor Bustamante con sus camisetas que Jacques Brel con su terno negro de desesperación.
La segunda manía de David Moya es hablar en verso, pintar la vida, latir con el poema quijotesco, convocar a las musas cotidianas. “Un lunes al sol”, por ejemplo, nos lleva hasta Cádiz, donde el cantor ha hallado una segunda casa donde se peina con gesto de amante para bucear al atardecer en los misterios de la Caleta que desentrañara Paco Alba. La tercera manía es contar historias como los viejos y eternos payadores que cruzaban la pampa. Cantar es relatar y relatarse, encontrar y encontrarse. El cantor desemboca en el relato y reivindica a la gente que resiste, que se arma de valor, que ama, sueña y tiene principios desdiciendo aquella frase genial de Groucho Marx: “Si no le gusta mis principios, tengo otros…”. La cuarta manía es no callarse y comprometerse con la realidad que nos envuelve, la tozuda realidad diaria. En algunas de sus páginas asoma el humor, la ironía, con ese viaje amoroso al origen del mundo, según pintara Courbet, que es “Ciencias impuras” o esa contemplación del universo que habitamos que no está nada alejada de la que Discépolo expresó en “Cambalache”.
Y como no hay quinto malo, como bien sabe Piqué y sufrimos los madridistas la temporada pasada, David Moya que es culé nos envuelve en una quinta manía que es no estarse quieto y ser viajero de la vida y del sueño. Y de su mano paseamos por Argentina donde nos espera el doble de Maradona con la bota pegada a un balón y un boliche mal iluminado donde uno aguarda la aparición del rey de la milonga, ese personaje que dibujara con maestría en uno de sus cuentos el negro Fontanarrosa. Son las manías de un artista íntegro que nos ha regalado este trabajo encomiable y magníficamente presentado. Con ustedes David Moya.”



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