Dice de sí mismo que tiene 36 años; que en su trabajo de maestro intenta enseñar y sólo consigue darse cuenta de lo poco que sabe… Pero que entre esas poquitas cosas que sabe, está el saber diferenciar las felicitaciones de los agradecimientos. Y me dice: “gracias David… por ser como eres… por hacer lo que haces…”
Se llama Richard Imbernón y el jueves pasado quería presentarme en La Fada Ignorant (Andorra), antes del evento en el que mostraría mis “5 Manías de Hombre Solo”. Un contratiempo tan personal como profesional se lo impidió, pero sus palabras no cayeron en saco roto, sino que fueron leídas por María, otra persona bien querida por mí.
Lean y juzguen ustedes mismos quien debe agradecer a quien…
“Debe existir un lugar de silencio absoluto. Un territorio ajeno al ruido que invade. Debe existir un sitio donde David se protege del rumor constante de todos aquellos que saben qué debe hacerse. De aquellos que saben qué debe pensarse.
Y en ese universo tan real como imaginaria es la existencia, el arte ocupa el lugar que deja la certeza de saber lo que nos han enseñado. Y dispuesto a desnudarse, nos regala una primera manía en la que viven cogidos de la mano el amor y la soledad. La nostalgia de los seres que siguieron su camino lejos del nuestro, y el deseo de vivir a base de proyectos y no de recuerdos.
Una búsqueda compartida con el cómplice lector en la que, según el propio autor, procura: “Buscar de nuevo la verdad, poner a cero el contador, reconociendo el valor de lo vivido tanto como su obsoleta condición.”
Una búsqueda de sí mismo, un reencuentro con la soledad, o más precisamente con “su” soledad…
Principal artífice de un nuevo camino lleno de errores y decepciones, pero necesario para vivir su propia vida sin prisas. Redescubriendo la capacidad de asombro desaparecida con la inocencia, redefiniendo los caminos por los cuales transitar con muletas, al lado de todos aquellos que corren.
Y David se atreve. Osa deambular su cuerpo físico entre los distintos tipos de creación. Y aderezando sus letras con sus acordes, avistamos al escritor que canta. Al cantante que escribe. Al músico que se arma de la valentía necesaria de abordar la poesía con “Las caras y sus reversos”.
Quizá el terreno más resbaladizo de la literatura. Aquel donde versos, métrica y rima, frenan el derrame de emociones.
Convirtiéndolas en riachuelos.
Arroyos cuyos lechos recorren los bordes del amor. El amor comprendido con el alma y no con la razón.
Torrentes de recuerdos. Recuerdos y añoranzas. Recuerdos, añoranzas y preguntas…
Dice la Real Academia de la Lengua que una manía es una especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor.
Y debe ser cierto. Porque hay que estar un poco loco para buscar la cordura.
Porque el delirio ha llevado a David de un extremo a otro. Por su necesidad casi enfermiza de crear, de compartir. De inventar ahora cuentos para aderezar su tercera manía en que necesita de todo nuestro apoyo. Finales abiertos o alternativos de temáticas variopintas. De nuevo el amor como leitmotiv de una necesidad vital de subsistir en “La capilla de los naufragios”. La condición humana y sus “Desertores”. La intriga escondida en los “Bolsillos”. La esperanza, la decepción y la belleza vestida en “La flor”. Cuentos cuyos personajes somos nosotros. Con dudas, miedos e ilusiones. Adolescentes inadaptados y sin ganas de seguir rebaños que no entienden, jóvenes empeñadas en no dejarse arroyar por el fugaz paso del tiempo. Al límite entre la esperanza y el desencanto. Personajes cercanos de historias que nos llevan de paseo por los parajes de la introspección, la sorpresa, la imaginación y la muerte.
Y paso a paso cruzamos ya hace rato el ecuador de la obra. “Desconcertantes objetos de estudio” nos abre ahora las puertas del pensamiento y la opinión de David Moya en su cuarta manía : “No callarme”. En ella encontramos un tributo a toda esa gente que nos acompaña en el delicado camino de los sueños y que nos enseña y anima a vivir a veces sin ni siquiera darse cuenta. Cavilaciones sobre la educación, despojos de su antiguo traje de maestro, donde poniendo en duda un sistema corroído hace ya mucho tiempo, nos ofrece un manual de instrucciones bajo el título “Eduquemos terroristas”. Sumario donde se plantan semillas aparentemente amargas pero dispuestas si se las deja a ofrecernos dulces frutos. Ejercicio cognitivo para futuras generaciones más felices y sinceras. Pautas de comportamiento afín de sonreír, decidir y avanzar sin miedo al fracaso y sintiéndose bien con uno mismo.
Y acabamos el viaje… de viaje. El reencuentro con los que partieron en busca de lo que no tenían. La inmigración vestida de turismo con 6 cuerdas. “Crónica de un mes de gira por Argentina” que con el título “Mate y dulce de leche” nos ayuda ya desde el inicio a atisbar lo dulce del recorrido.
Gente, fútbol y momentos mezclados más allá del océano. Consiguiendo hacernos viajar a través de las pupilas y las palabras. Metáfora más que certera para recordar que la vida son momentos, y que la suma de ellos nos hacen felices o desdichados. Guía de viaje que no pretende serlo. Resumen de sensaciones, lugares y personas que trocito a trozo van creando el cosmos que habitamos. Homenaje a quién buscó allí lo que no había aquí. Puerta abierta al sueño del regreso, a la ilusión del viajero que aborda la ida sin pensar en la vuelta.
Y así, enfrascados en cada una de estas 5 manías de hombre solo, me atrevo a callarme y oíros a vosotros a partir de ahora. A soltar amarras y dejarme llevar por el deseo de haberos convencido para iniciar con David el recorrido por sus adentros. Periplo repleto de sorpresas que no os dejará indiferentes. Travesía atrevida y sin maletas Decidida a llevaros a rincones que quizá hasta hoy, hayáis mantenido ocultos.”




Puuuuf … preciosa definición para un precioso trabajo.
Un Beso.
M.