Te levantas un 18 de agosto y la última patochada del mejor entrenador del mundo (según la gabachoprensa deportiva) llena de contenido las emisoras de radio y canales de televisión durante la primera franja de la mañana. Empezamos así un día completito, pues rozando el mediodía todos los objetivos de cámaras y los micrófonos de los periodistas centrarán su atención en el aterrizaje del Papa en Barajas. Definitivamente, hoy va a ser un gran día.
Ante eventos de tal trascendencia es natural que se nos pasen por alto efemérides banales. Vivimos la transición entre el 17 y el 18 de agosto pegados a la pantalla, pues el enésimo clásico del año volvió a ponernos frente al televisor a las dos Españas: la culé y la merengue. ¡Cómo acordarse así del 75 aniversario de un hecho tan irrelevante como el fusilamiento de Federico García Lorca! Total, si tan sólo se trata de rememorar el asesinato de alguien a quien Pablo Neruda (otro que también ha dejado alguna que otra cosa escrita), en una conferencia pronunciada en París el año 1937, calificó como “el más grande entre nosotros, el ángel de este momento de la lengua”. Nimiedades…
“¡Este Papa sí que mol
a, se merece una ola!”, corean entre la multitud Borjamari y Piluca, IPhone en mano a la caza del video que luego compartir án en Twenty, mientras el pontífice d esciende del airbus de la compañía Alitalia. ¡Sí, sí, sí, el Papa ya está aquí! Que digo yo que algo parecido gritarían también si el que llegara fuera Justin Bieber o Cristiano Ronaldo estos millones de jovenes adeptos de la religión verdadera, la misma que durante siglos ha servido de excusa para tantas tropelías a lo largo y ancho de nuestra gastada piel de toro. Pero no nos remontaremos a las proezas de la inquisición. El asunto nos pilla más cerca. Hablábamos de García Lorca.
No me puedo resistir a seguir citando parte de la mentada conferencia de Neruda, pues resulta que los que se levantaron en contra de la República (sí, aquel sistema democrático que permitió barbaridades como el sufragio universal) proclamando una España grande y libre, no pudieron obrar de un modo más desafortunado al convertir en víctima al poeta granad ino: “si se hubiera buscado difícilmente, paso a paso por todos los rincones a quien sacrificar, como se sacrifica un símbolo, no se hubiera hallado lo popular español, en velocidad y profundidad, en nadie ni en nada como en este ser escogido. Lo han escogido bien quienes al fusilarlo han querido disparar al corazón de su raza. Han escogido doblegar y martirizar a España, agotarla en su perfume más rápido, quebrarla en su respiración más vehemente, cortar su risa más indestructible. Las dos Españas más inconciliables se han experimentado ante esta muerte: la España verde y negra de la espantosa pezuña diabólica, la España subterránea y maldita, la España crucificadora y venenosa de los grandes crímenes dinásticos y eclesiásticos, y frente a ella la España radiante de orgullo vital y del espíritu, la España meteórica de la intuición, de la continuación y del descubrimiento, la España de Federico García Lorca”.
¡Qué monos ellos, tan cándidos e inocentes! ¡Miren cómo lanzan sus proclamas, cómo hacen suya la doctrina de una iglesia que sigue demonizando a los homosexuales (como el propio Lorca), a las jovencitas que interrumpen sus embarazos (a veces por causas tan insignificantes como haber sido violadas o ser menores de edad) y a todos aquellos que cometen la osadía de ponerse un condón en pro de un sexo seguro! ¡Qué maravilla, además, que esto ocurra en nuestra España cabal y honesta, puntera en creación de empleo, al módico precio de decenas de millones de euros (a pesar de que el Papa no venga en calidad de jefe de Estado sino en visita pastoral)! ¡Qué bello ese recuperar para la gente de bien las calles y plazas que desde el 15 de Mayo han estado plagadas de piojosos, perroflautas, anarcopunkisocialcomunistas radicales, y que por fin nuestras autoridades han tenido a bien desalojar sin escatimar en violencia y malas maneras…! ¡Viva España!
La madrugada del 17 de ag osto (según afirma la última investigación de Miguel Caballero Pérez, un día antes de lo que se venía recordando hasta ahora) Federico García Lorca fue asesinado en el barranco de Víznar y enterrado en una fosa. 75 años después aún no han sido localizados los restos del poeta. Pero vive en nosotros, en todos y cada uno de los que amamos esa poesía vital que no abusa de los artificios y nace de la esencia misma de nuestro pueblo español:
“Está muerto él, ofrecido como una azucena, como una guitarra salvaje, bajo la tierra que sus asesinos echaron con los pies encima de sus heridas, pero su raza se defiende como sus cantos, de pie y cantando, mientras le salen del alma torbellinos de sangre, y así estarán para siempre en la memoria de los hombres” (Pablo Neruda)



Genial David, eran demasiados noticiones hoy como para reparar en una nimiedad como esta…Por suerte, aun hay mucha gente que sigue recordandolo….Siempre, Federico….
Grande!!!!
Como ya he dicho en otros medios, todos nos alegramos de que le estés dando salida a todas esas cosas que pasan por tu cabeza. Buena decisión.